Educación Sexual Integral: trabajo práctico n°1

17 jul

EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL (TRABAJO PRÁCTICO N° 1)

Consignas

A-

Leer la bibliografía propuesta para este trabajo.

B-

A partir de lo trabajo en las clases y tomando como insumo los aportes de los y las autores/as consignados/as construir algunas aproximaciones a la sexualidad/sexualidades y al lugar de las instituciones sociales en su producción. (extensión máxima 3 carillas – Letra TNR 12 interlineado 1,5)

C-

Mirar los cortos: Hiyab / Vestido nuevo

Elegir dos escenas de los cortos que llamen la atención respecto de los textos leídos hasta el momento en el taller. Efectuar algunas vinculaciones con los/as autores/as seleccionados para este primer trabajo práctico.

 

Respuestas

B.

La sexualidad es inseparable de la cultura. Como cualquier pieza que puede conformar nuestra identidad (religión, etnia, reza, etc.) la sexualidad también es una de estas. A partir de esto, es necesario pensar la sexualidad como plantea el texto de Weeks: “(…) no considerarla como un fenómeno primordialmente “natural”, sino como un producto de fuerzas históricas y sociales.”(Weeks, p.19). Y, dentro de esta definición, es importante pensar que en una sociedad capitalista como la nuestra las relaciones entre las distintas personas o, se podría pensar, entre sus distintas identidades se da en relaciones de poder y, por lo tanto, implican que una de las partes que se supone superior y otra inferior. Por este motivo, es muy peligroso pensar al cuerpo como algo natural, ya que dentro de una sociedad donde existe una cultura hegemónica y otras culturas que no lo son, pensar en que algo es natural implica que otras cosas no lo son y, por lo tanto, son antinaturales (y lo antinatural no es bien recibido en nuestras sociedades).

A parir de esto, la importancia de pensar lo que dice Morgade en uno de sus textos: “Desde Foucault en adelante (…), entendemos que los códigos sociales formalizados y no formalizados (las leyes, las reglas, las tradiciones, etc.) en tanto efectos del poder, no solamente reprimen o controlan sino que también y fundamentalmente, tienen  un efecto productivo en la vida social.” (Morgade, 2001, p. 2). Es decir, que el cuerpo nada tiene de natural, ya que cada cuerpo esta dentro de una sociedad desde su nacimiento (y antes de él también lo está, al menos como idea) y es, al igual que cualquier otra fracción de la cultura, una producción de ésta.

En una sociedad en la cual existe una cultura hegemónica que es impuesta de distintas formas y en distintos espacios, de forma explícita o no, resulta importante entender que las sexualidades (todas las que existan) son construcciones socio-históricas y que éstas, a su vez, se inscriben en distintas relaciones de poder que dependen también del momento histórico en el que se dan, ya que la cultura determina qué es lo normal y qué lo anormal y estas variables también se modifican según las distintas épocas.

En relación a lo que venimos diciendo queda claro que las instituciones tienen un papel clave en la definición de identidades sexuales. El texto de Guacira Lopes Louro cita a Foucault: “La sexualidad es un dispositivo histórico. (…) Un conjunto decididamente heterogéneo que engloba discursos, instituciones, organizaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas (…) lo dicho y lo no dicho son elementos del dispositivo. El dispositivo es la red que se puede establecer entre estos elementos (Foucault, 1993, p.244)” (Lopes Louro, p2).

El problema que surge de esto no es que las sexualidades sean históricas y sociales, sino que estas distintas identidades sexuales se inscriben dentro de determinada norma que impone la sociedad y a partir de la cual se generan las relaciones de poder. Dice Lopes Louro: “El reconocimiento del “otro”, de aquel o de aquella que no participa de los atributos que poseemos, es hecho a partir del lugar social que ocupamos. De modo más amplio, las sociedades realizan esos procesos y, entonces, construyen los contornos demarcadores de las fronteras entre aquellos que representan la norma (que están en consonancia con sus patrones culturales) y aquellos que están fuera de ella, en sus márgenes.” (Lopes Louro, p.5).

Es evidente que desde el momento en que se entiende que las identidades sexuales son culturales y que la cultura determina normas de lo que es “normal” y lo que no lo es, se piensa que la norma es la uniformidad mientras que, en realidad, la norma es la variedad. Desde esta premisa, sería interesante y necesario empezar a pensar las identidades sexuales según lo que plantea Ana María Fernández en su texto: “(…) pensar en diferencias que no remitan a ningún centro: diferencia de diferencia que vuelve necesario construir la categoría de multiplicidad.” (Fernández, 2006, p. 129).

Considero que ésta es la única manera de dejar de pensar en la diferencia como algo negativo sin dejar de reconocerla (es decir, sin pensar en una falsa igualdad que genera nuevamente la discriminación). En la idea de multiplicidad se trabaja desde la lógica del “y”, es decir que las situaciones no se definen según uno de los polos posibles sino que se trata de trabajar a partir de las tensiones que pueden generar distintas formas de vivir lo mismo entendiendo que todas ellas existen y que son igual de válidas.

 

C.

En el corto Hiyab se muestra claramente que en cada cultura hay normas que determinan lo que está bien y lo que está mal, lo que es políticamente correcto y lo que no. Lo que la cultura tolera y lo que considera, desde una falsa igualdad, va a ser lo mejor para la convivencia.

La directora de la institución le dice: “Ésta es una escuela laica y todos somos iguales. No queremos diferencias entre los alumnos”. Ésta oración en comparación a la última escena donde Fátima entra en el aula, luego de haberse tenido que sacar el hiyab, y observa que todos sus nuevos compañeros de clase tienen marcas culturales (gorras, rastas, piercings, etc.) hace evidente esta idea equivocada de que todos son iguales. Lo que en realidad sucede en esa situación es lo que plantea Lopes Louro en su texto cuando explica que las identidades sociales son políticas: “(…) podemos afirmar que las identidades sociales y culturales son políticas. Las formas como ellas se representan o son representadas, los significados que atribuyen a sus experiencias y prácticas son siempre atravesados y marcados por formas de poder”. (Lopes Louro, p. 5).

Esto explica que la directora de una escuela occidental considere que un hiyab está atentando contra determinada igualdad, que en realidad es ficticia, entre los estudiantes de dicha institución. También explica que Fátima diga que sus padres también quieren que se lo saque, ya que ellos entienden estas formas de poder que operan dentro de la cultura en la cual viven y saben que dentro de dichas relaciones ellos pertenecen a los grupos que están fuera de la norma establecida en dicha sociedad. Entonces, considerando que no quieren que su hija sea discriminada, ellos prefieren que su hija no muestre marcas de su propia cultura.

En el momento en el que Fátima finalmente, y contra su voluntad, se quita el hiyab se puede ver otro punto que señala Lopes Louro en relación a cómo los sujetos también participan en la construcción de estas normas que propone e impone la cultura. Ella dice: “La producción de sujetos es un proceso plural y también permanente. Ese no es, entonces un proceso del que los sujetos participen como meros receptores, atacados por instancias externas y manipulados por estrategias ajenas. Al revés de eso, los sujetos están implicados y son participantes activos de la construcción de sus identidades.” (Lopes Louro, p. 10). En este sentido, una se pregunta qué sucedería si Fátima se negara a quitarse el hiyab y entrara a su nueva clase con esa marca cultural. Si tuviese una actitud de resistencia frente a la cultura hegemónica a la que le tocó enfrentarse. Evidentemente sería mejor pero los límites individuales dentro de la cultura son tan difíciles de determinar que mucho más difícil (o imposible) es juzgarlos. Lo que queda en evidencia es que frente a una cultura hegemónica que permite determinadas marcas pero quiere ocultar otras, los individuos tienen la posibilidad de resistirse pero siempre deben pagar un precio (más o menos caro) por hacerlo.

 

En el cortometraje Vestido Nuevo se ve cómo la cultura hegemónica va introduciendo dentro de los niños las nociones de lo que se puede hacer y lo que no. En la escena donde Elena y Mario tienen la siguiente conversación:

Elena: ¿Qué estás haciendo? No puedes vestirte de niña, es ilegal. Ni puedes pintarte las uñas, mira todos como se han puesto.

Mario: En tu casa lo hemos hecho

Elena: Ya, pero fuera no puedes. Los niños no se visten de niñas.

Mario: Ya…

En esta conversación se evidencia las ideas confusas que los/as  niños/as tienen de lo que se puede y lo que no se puede hacer. Y muestra cómo la cultura puede imponer dichas normas sólo si los sujetos se apropian de las mismas. Como dice Lopes Louro: “Si múltiples instancias sociales, entre ellas la escuela, ejercitan una pedagogía de la sexualidad y del género y colocan en acción varias tecnologías de gobierno, esos procesos prosiguen y se complementan a través de tecnologías de autogobierno y autodisciplinamiento que los sujetos ejercen sobre sí mismos.” (Lopes Louro, p. 10).

También se plantea la idea de que las identidades sexuales se muestran de forma diferente en el ambiente público y el privado. Elena le explica a Mario que en la casa de ella sí pueden vestirse de nenas y pueden pintarse las uñas pero en el espacio público no porque los adultos se ponen muy nerviosos. Esto también se ve en la escena en la que el director del colegio habla con el padre de Mario, el cual confiesa que en su casa a Mario “le gusta disfrazarse”. Estas escenas demuestran que en lo privado pareciera que son más permitidas determinadas acciones que refieren a las identidades sexuales que escapan de la norma socialmente establecida, mientras que en el espacio público las mismas acciones traen aparejadas la censura, la vergüenza y la culpa. Como dice Lopes Louro: “Las preguntas y las fantasías, las dudas y la experimentación del placer son remitidas a lo secreto y lo privado. A través de múltiples estrategias de disciplinamiento, aprendemos la vergüenza y la culpa; experimentamos la censura y el control. Acreditando que las cuestiones de la sexualidad son asuntos privados, dejamos de percibir su dimensión social y política.” (Lopes Louro, p. 11). Así es como sucede en el cortomentraje en el cual queda planteada una situación entre el padre de Mario y la institución, en la cual ambas partes, de forma sutil, deciden que lo mejor es que Mario se vaya de la escuela ese día hacia el espacio privado del hogar donde, tal vez, sea menos juzgado que en la institución educativa.

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